Mi vida... tal cual

domingo, enero 14, 2007

Inalcanzable

-Esa mirada que tienes me hace soñar.
-No digas estupideces -dijo dándome uno de sus mejores besos del día, indicándome que no hiciese caso a su voz-.

Por fin algo preciado pasaba despacio, el tiempo no existía, puesto que transcurrir lentamente implicaba una presión que no sentíamos.

Independientemente de todo lo que llevásemos dentro que nos hiciese sentir así... nos daba igual. Extasiados, no podíamos parar.

-¿Cuánto crees que podríamos pasarnos así?- le preguntaba con frecuencia.
-Pasaremos, querido, pasaremos. Pues... no lo sé.

Y rápidamente la conversación quedaba enterrada bajo la fauna que de forma tan rauda crecía bajo nosotros, elevándonos cada segundo unos centímetros más. Como un ascensor celestial que poco a poco nos llevaba a lo más alto. Todo ello para presenciar la mayor de las bellezas, paisajes sin límites, sentirse abrumado sin saber a dónde mirar primero, qué hacer para memorizar todo ello.
Pero como todo lo que llega a un límite, tenía un final. Encerrados en un beso, eramos ajenos a lo que nos envolvía. Como si dejásemos la percepción para el resto del mundo, concentrándolo todo en un punto, para un fin.

Un impacto. Pitido. Como ahogados por la percepción que habíamos dejado de lado y ahora nos abordaba, abrimos los ojos. Todo era absolutamente grotesco. Como algo tan jodidamente precioso podía tornarse tan de repente en una imagen del infierno que todos siempre tenemos en mente.
En cualquier caso, pronto comencé a perder el control. Mi cuerpo, desviándose del camino que seguía mi mente, me abandonó. Sólo era capaz de mantener esa unión eterna que simbolizaba con mi mano, sujetando la suya.
Estaba sonriendo.
Había pasado por mi mismo razonamiento, lo sabía. Aunque su corazón no latiese, lo sabía.

Esas voces de niños riendo, de tu propio primer llanto al nacer, todo a la vez, se unieron para despedirme.

Más allá de la felicidad de algunos animales, residente en la monotonía y relativo a lo cíclico, comprendí que no podíamos mantener la felicidad, aferrarnos a ella.

Me parece un trato justo.
Alcancé ese final, ese sentimiento, ese momento, ese beso...

Cobré un bien demasiado preciado como para poderlo pagar.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Cachis, Juanlo...

Vale, vale, la culpa no es tuya, no te voy a reprochar que lo guardes en secreto.
Más que nada porque no es secreto, sólo hay que meterse por tus madrigueras virtuales y escarbar un poco.

Pero ey, me has sorprendido. No me ha gustado, me ha encantado. Emm... sutil y breve. Así es la felicidad. Como el presente. Por eso yo creo que el presente y la felicidad son una misma cosa, o lo son cuando nos damos cuenta por fin de que "presente" y "regalo" son sinónimos. Carpe Diem.

Pero no el carpe diem manido de nick que tenemos por llenar espacio. Sino el carpe diem que le susurraba el sr. Keating a sus alumnos, en voz bajita y desde atrás, frente a aquellas fotografías en blanco y negro de caras impasibles. Seguido de un "hace que vuestra vida sea algo extraordinario..."
Susurrado, muy bajito, muy sutil. Muy breve. Como el placer que me ha evocado tu escrito.

Cabroncete, la próxima vez que pisemos tierra tinerfeña al unísono... bueno, paso de terminar la frase, ya se verá. Y paso d ehablar de otras cosas, ahora no quiero ni saber cómo te va. Ahora solo quiero saborear un poco lo que he leído, y al final, solo quizás, te envidie un poco. Pero muy brevemente xD

Un abrazote

12:48 p. m.  

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