Mi vida... tal cual

viernes, septiembre 21, 2007

Nobody's Fault

Desolación. Todo lo que me rodea forma parte de un caos imparable, insaciable.
Desbocado, comienzo a correr. Debo huir.
No de la destrucción, que yace dentro de mi.
Criaturas indescriptibles se apoderan de todo lugar superior a mi altura.
Con ojos rojos me clavan la mirada. Parecen reirse, probablemente conociendo mi final.
Nado, me balanceo; corro, huyo.

Al cabo de Dios sabe cuánto tiempo, tengo una fracción de segundo para meditarlo todo concienzudamente.
Fin del camino: Precipio.
Para mi: Tan sólo el principio.

Miles de criaturas esperan mi caída.
Eso, o mis perseguidoras darán conmigo tarde o temprano.
Esperan devorar toda la esencia de vida de mi cuerpo.
El escaso valor que corría por mis venas, unió fuerzas.
Decidí no ceder.
La muerte era inevitable, eso lo había sentido desde hacía ya un tiempo mientras huía.

Ya no era cuestión de seguir viviendo o no, era cuestión de dignidad.
Salto del ángel. Sin carrerilla, sin impulso.
Caería de cabeza justo sobre alguno de los muchos salientes del escabroso precipicio.
Con un poco de suerte, con la fuerza suficiente.
Todo ello, para llegar muerto a las huestes,
las cuales, después de tanta caza,
se sentirían decepcionadas y dejarían impoluto mi cuerpo.
Sólo les interesaba consumir la vida, la carne póstuma no les interesaba.

Una pena que al nacer, lo hiciese de pie.