Mi vida... tal cual

sábado, noviembre 10, 2007

Loveless

(Kittie)

Me despierto corriendo. No sé de donde vengo, adonde voy. Vestido con un traje negro, mantengo en mi mano un arma. Es de noche, no hay nadie en las calles: me siento el amo de todo.

De pronto, tres pitidos. Al terminar de sonar, como por arte de magia empiezan a materializarse. Gente, enemigos. Algo en mi cabeza me obligaba a matarlos. Comienza la matanza. Ríos y ríos de sangre, me siento extraordinariamente bien.

Aparece un enorme y asquerosísimo ente, una abominación, quizás no de este mundo. Era tan grande y repugnante, que sentía que iba a vomitar. Una vez asimilada su presencia, comienzo a estudiar sus patrones de ataque. Encuentro una brecha digna de ser aprovechada, para devolverle la retaliación -de haber dañado a todas sus huestes y retoños, los infumables oponentes que minutos antes había masacrado-.

Trepo por su pútrido cuerpo. Los guantes-pezuña que llevaba en un bolsillo del traje me resultaron de gran ayuda: a medida que iba subiendo por su cuerpo, le iba haciendo 'cosquillas', clavándose en su piel como picos de escalada en una montaña.
Una vez aniquilado, aterrizo en el suelo. La forma, perfecta. Nunca he sido demasiado deportista, pero... era como si lo hiciese sin esfuerzo.
Caigo de rodillas, estoy extasiado. Hasta mover la mirada me cuesta un esfuerzo titánico.

Una voz lejana comienza a resonar en mi cabeza. Poco a poco comienza a hacerse más clara. 10 segundos para insertar créditos. Mi alrededor empieza a degradar en color. Poco a poco sólo queda blanco y negro. De repente, me hallo en una habitación, con las manos sobre algún tipo de control, unas gafas y una especie de auriculares muy largos que presumiblemente hacían contacto con mi cerebro hasta hace un momento.

Poco a poco, comienzo a recordar: era un simple juego, pero... era tan real...
Contemplo mi cuerpo, nada que ver con su álter ego de unos minutos antes: grande, desproporcionado. Lo patético de mi existencia me invita a insertar otra moneda.

Elijo constante sueño en recreativas abiertas las 24/7 que confrontarme a mi propia realidad. Al menos allí tengo éxito, obtengo reconocimiento. Tengo una tarea clara, un sitio dónde encajar, aunque sea a base de violencia.

Lo que por aquél entonces no sabía, es que era más que un juego. El gobierno hace un tiempo, cuando comenzaron las muertes inexplicables, empezaron a hacerse preguntas, investigar. Descubrieron una nueva raza, similares a nosotros pero a la vez completamente distintos.
A alguien se le ocurrió que, en primer lugar con tanta libertad y posibilidades de evadir a la justicia, nadie iría a la guerra. Hace años, todo tipo de control, de policía, era inútil. La red había proporcionado nuevas, más y mejores realidades cognitivas que la nuestra.
En segundo lugar, este tipo de entes no pueden ser vistos por nuestras formas físicas, lo cual, casi imposibilitaba el hecho de interactuar con ellos para matarlos.
Estaban ingiriendo una cantidad ingente de almas. Ya no se podía ocultar: la información tenía demasiadas libertades, a ojos del gobierno.

La única manera eficaz de erradicar el problema fue disfrazar la solución, un novedoso sistema, como juego. El cual, conseguía proyectar nuestra alhra -una de nuestras muchas almas- donde existiese gran actividad extraterrestre hostil. Ésta proyección conseguía grandes cotas de celeridad y eficacia, al no estar del todo vinculadas a un cuerpo. El hecho de que los especímenes experimentales pensasen en la experiencia como en un juego los tornaba en casi invulnerables.
Era perfecto el sistema: subvencionado por sus mismos usuarios y eficiente contra la amenaza.

Inadaptados del mundo: encerrados en oscuras salas, ahogando sus penas, salvando a la humanidad. Ahora todo era compatible: héroes voluntarios y sin conocimiento de su condición. Encerrados en sus fosas de desprecio y perdición, enterrándose cada vez más hondo. Alimentando sus odios y miedos, hasta tornarse en algo que difícilmente podrá ser denominado como humano.