Mi vida... tal cual

viernes, diciembre 07, 2007

Irreversible.

Descansamos entre las sombras, esperando.
No es que no puedan vernos,
simplemente no quieren hacerlo.
Soportamos el hambre tan sólo por el bocado que más tarde vendrá:
ese descarriado desamparado que terminará vagando solo.

Nadie le echará de menos, nadie le buscará en los adentros de la oscuridad.

El ser humano, asocial por naturaleza,
había traicionado a sus propios orígenes,
convertidos en una especie de inútiles adictos a la vida en comunidad.

Somos muy felices, es increíble que con todo este tiempo,
tan sólo los antepasados del hombre nos tratasen
y pudiesen percibirnos.
Se ve que con el tiempo, se pierde el respeto por la raza que llegó antes a la Tierra.

Por suerte, ellos perecerán, mientras que nuestras memorias serán extendidas por todo el espacio-tiempo.
Nuestra especie, capaz de desdoblar su alma y proyectarla en otros individuos
-de otras razas, de otro tiempo-
estaba buscando especímenes para un traspaso en masa.

Tras mucho viajar, decidieron permanecer por siempre en los cuerpos del hombre.
No el actual, el de hace unos cuantos de miles de años,
cuando aún sólo existía instinto.

En aquel tiempo, los humanos nunca estuvieron a cargo de elementos que no deberían poder nunca controlar. Así, no peligraría la existencia de los huéspedes.

Quizás incluso se les podría dar el empujoncito hacia la dirección correcta y no a la actual, la de la autodestrucción.