Mi vida... tal cual

viernes, enero 18, 2008

Interludio.

Cierro mis ojos y comienzo a volar.
Atravieso las nubes y todo tipo de símiles cúmulos. Voy allá donde siempre he querido estar.
Siento libertidad, liberación.
Me dejo caer sin pensar cerrando los ojos y abriéndolos al poco, asustado por no saber cuándo tendré que levantar el vuelo.

Tras muchos días volando, descubro que no sirve para nada mi habilidad.
Que a diferencia del resto del mundo, mi don me hacía desplazarme sin parar. Ir de un lado a otro, y al mínimo aburrimiento, partir.
Había visto infinitas cosas, pero no había sentido nada. Sobrecogimiento, reverencia; sentirlos solo es como leerlo en un libro.
No tuve a nadie con quien compartirlo, odiaba ver a la gente en grupo, en pareja, con amigos.
Decidí no volver a usar mi poder. Me asenté en un pequeño pueblo, encontré amigos, una mujer. Hijos, un trabajo, tranquilidad, los ordinarios problemas de cualquier familia... Felicidad.

Abro los ojos. Me cuesta pensar que ni siquiera saliese de mi cuarto. Mi imaginación me proporcionó placeres y lugares que jamás podría haber visualizado por mi mismo.
La necesidad de volar... había sido desechada; satisfecha, experimentada.