Mi vida... tal cual

martes, febrero 19, 2008

Move on.

Me despierto de la siesta. Estoy desconcertado, estoy en el sofá. Después de tanto tiempo trabajando sin parar, he encontrado descanso, libertad.

Es curioso, porque al día siguiente de haber acabado con todo aquello, nada más salir a la calle, la encontré. Un día normal acompañando a mi madre mientras ella compraba.
En uno de los stands de degustación gratis de comida, la vi. En principio, me vi movido por los bollos que ofrecía. Un gesto, sin darme cuenta me diferenció de los demás.

No sé cómo lo hice: una vez escuché que la vida/el universo/el destino/Dios/lo que quiera que creamos que rige nuestras vivencias no entiende de segundas oportunidades. Sabía que nunca la volvería a encontrar si no le decía algo.
La invité a salir. Jamás pensé que pudiese ocurrir, que me dijese que sí. Y en efecto, no ocurrió. Destrozado, salí del lugar, preguntándome por qué había tenido esperanzas.

Partí, estudiaba fuera. A las tres semanas, volví por vacaciones. Entré en el supermercado, mas que fuera por reminiscencia, por hacerle los honores a memorias en las que me mantenía preso, reescribiendo día tras día en mi mente lo que podría haber pasado.

Lo mejor que se me ocurrió es dirigirme hacia ella casi sin hablar, como suele hacerlo todo el mundo. Parecía que su propio cuerpo hubiese creado un hábito de servir casi sin mirar. Pero algo sería distinto esta vez.
Me miró a los ojos: jamás pensé que me recordaría. Y estaba en lo cierto, no lo hizo. Me di la vuelta, me dirigía a la salida, cuando me llamó. No sabía mi nombre, pero gritó algo que me hizo voltearme.

Me recordaba. Quería quedar. Le pregunté cuando acababa, la estaría esperando.
De una forma u otra, fue increíble, sueños que jamás pensé fueran posibles, fueron llevados a cabo: desde pasar una noche entera mirando a las estrellas en ese césped tan verde y apeticible a la vez acostados, hasta pasarme un fin de semana entero alimentado básicamente de agua y nutrientes básicos en una maratón que hizo que mi celibato sexual en la etapa anterior de mi vida, hubiese quedado en nada de tiempo compensado.

Y no es que a la oración "Shit happens" le falte razón, pero... en ocasiones, si consigues llenar tu mente de "positive thinking", conseguirás tus aims.
Todo consiste en filtrar lo malo y sacarlo de la ecuación de tu vida.
Jamás supe al dirigirme a aquella degustación que iba a probar el verdadero sabor de la pasión, de la reafirmación de mis sospechas, de que lo mejor en este vida, es gratis.