Mi vida... tal cual

sábado, septiembre 06, 2008

Showbiz

Un cuarto completamente oscuro, opaco. No tengo dónde dormir, dónde defecar, mas que en los 12 metros cuadrados de suelo que me rodean. La peste me puede, lo poco que me dan de comer, un mandrugo de pan y algo de agua de dudosa procedencia, lo acabo regurgitando y expulsando por la boca.

Al tiempo, ya nada importa, es como si perdiera el sentido del olfato. Lo único que me saca de mis pensamientos es el molesto sonido de las pequeñas compuertas que se abren a mi alrededor, en las cuatro paredes. Incluso desde el techo. Recuerdo abrir los ojos después de haber dormido no sé ni cuántas horas, creyendo estar soñando, viéndo tan sólo oscuridad y sobresaltarme al ver a alguien abrir fugázmente un haz de luz en el techo. La transición visual entre tener los ojos cerrados y abiertos se había tornado en inexistente: veía exactamente lo mismo.

Un día, no hubo comida. Al siguiente, sólo una rata. Viva. La maté, la tiré con el montón de escrementos. Quería asegurarme de que no se me pasara por la cabeza el intentar comerla. Comienzo a morderme los contornos de las uñas, a alimentarme de mi propia carne.

No creo que les sirva ya de nada, las compuertas espías ya no se abren. Mi existencia es el dolor, el absentismo de toda sanidad mental. Ya no me quedan recuerdos. Poco a poco he olvidado quién soy, de dónde vengo, cuánto tiempo llevo aquí. El pelo facial es ya tan largo que es inútil intentar encontrar en él una pista.
Ya no me masturbo, apenas recuerdo cómo son las mujeres. Qué ansiaba, qué deseaba. La pérdida de identidad está próxima.
De alguna forma, tampoco las montañas de heces me desvelaban la longevidad de mi estancia, de cuando en cuando, despertaba y no estaban. Tan sólo me torturaban hasta el límite de lo soportable, por supuesto, no vaya a ser que fuera a morir por accidente y cesara su gozo, el de quienquiera que sea el responsable de esto.

Poco a poco, mis manos comenzaron a quedarse sin carne. Tan sólo carne viva, prácticamente el músculo únicamente. Mi desesperación llega a su final, me preparo para la muerte por inanición, por pérdida de identidad, por la tortura del aislamiento extremo.
Cierro los ojos y de pronto oigo un ruido, algún tipo de mecanismo se activa. Luz. Luz por todas partes. Me envuelve, me consume.

Tras varios minutos que necesité para acostumbrárseme la vista, salgo, no sin antes estudiar los alrededores de la puerta, por ver si se tratara de una trampa. Estaba al borde de la muerte, pero en todo momento, el tipo de muerte que yo había elegido, había aceptado; no el que un corro de enfermos hubieran decidido por mi. Una vez atravesado el umbral de mi antiguo mundo, de mi hasta unos instantes prisión, se encontraba un pasillo blanco.
A un extremo, no había nada. Al otro, una puerta y una pantalla a su derecha. Se enciende. Aparece alguien que de alguna forma no recordaba en absoluto, aunque a decir verdad, si ni guardaba reminiscencia de quién era yo, perfectamente podrían ser mis impresiones falsas.
Venía a decir que podría escapar por esa puerta. Mi nivel de concentración para atender era ínfimo. Que tan sólo tendría que abrirla.

Contemplo mis manos, completamente carcomidas por mi mismo y en un estado nefasto, como si hubiera muerto. Intento abrir el extraño pomo con los brazos, tumbado desde el piso con las piernas, imposible. Ni siquiera tengo ropas con las que rodearme las manos. Tendré que sufrir, pasar por el dolor.

Las primeras horas que lo intenté, todo fueron intentos fútiles, demasiada sensibilidad. Sangre comenzaba a manar, ya tan sólo faltaba irme a desangrar. La sangre se seca, costras, caspa comienza a formarse en mis heridas. Vuelvo a intentarlo, con tanta intensidad, que las previas cicatrizaciones se abren. Me tiembla todo el cuerpo. Intento tirarla abajo. No puedo.

Cierro los ojos, me aferro a lo único positivo -o mejor dicho, lo no negativo- que recuerdo: el mendrugo. Me concentro en todo él y olvido momentáneamente el dolor. La puerta cede.

Vuelve a haber oscuridad. Me acostumbro a la iluminación, otra pequeña habitación ante mi, con una puerta y una hoja pegada en ella. La arranco y la llevo a la habitación anterior.

Pone: "Just kiddin'". Doy la vuelta a la hoja y simplemente ponía:
"Lo siento, no podíamos resistirnos a contemplar como un ser moribundo lucha por su subsistencia. Tu caso ya nos aburría a todos. Pero tranquilo, con un empujón, nos haz hecho pasar un buen rato. Excelente despedida, Dan."

3 Comments:

Anonymous Your Reader said...

Este mundo es un continuo campo de batalla y nosotros somos los peones.


Have a nice day!

Inharmonious reality.

1:47 p. m.  
Blogger Juanlo said...

Gracias por los comentarios, ¡menuda rapidez!

:=)

4:12 p. m.  
Anonymous your reader said...

Gracias a ti! :)

I try my best! xD

Have a nice day!

1:50 p. m.  

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