Mi vida... tal cual

martes, septiembre 30, 2008

White rabbit

(Jefferson Airplane)

Oscuridad en el bosque. Sigues la única luz apreciable en las tinieblas. Bípedos con máscaras de gas te observan. A medida que avanzas, vas descubriendo que estás absolutamente rodeado de ellos.
Sólo hay un camino: hacia delante, la única senda que hay libre de bípedos. El terreno que voy dejando atrás es sepultado por sus cuerpos: se imponen cada vez más.

Llego a la luz: una linterna. Moderna a la par que ancestral, tenía grabados en alguna extraña lengua que no conocía. Parecían runas, pero quién sabe. No había manera de apagarla. No que quisiera hacerlo, pero simplemente se añadía a lo esotérico que ya de por sí destilaba el objeto con tan sólo mirarlo.
No había rastro de los bípedos, habían desaparecido.
Ilumino mi camino, comienzo a correr. De pronto, un ruido me sobresalta. Cada vez aumenta más y más, se hace insoportable. Me han encontrado. Comienzan a aparecer cientos. Nunca había visto tantos. Los ilumino, parecen quemarse con la linterna ancestral.

Consigo salir por poco del bosque, entro en el pueblo buscando refugio. Poco a poco, voy descubriendo que no queda nadie. O al menos, que respondan a la llamada del timbre de sus casas. Gente yace en el asfalto, muerta, como si hubiesen sido sorprendidos sin tiempo a reaccionar en sus quehaceres diarios.

Me acerco a la Iglesia, oía ruidos. Toco la puerta, consigue abrirse. Está plagado de gente. Según me cuentan, comenzaron a oir gritos de las casas cercanas al bosque y decidieron quedarse en la Iglesia. Les pilló todo en medio de una misa-funeral.
Las luces se apagan. El suelo empieza a temblar. El párroco comienza a gritar fuera de sí, predicando que el fin está cerca y que serán castigados. Alguien lo deja inconsciente de un puñetazo, la calma vuelve al rebaño.

Con mi reciente adquisición, inapreciable momentos antes cuando la luz todavía no se había ido, ilumino la sala. Bípedos, etéreos, comienzan a atravesar las paredes. Intento deternerlos, pero a cada bípedo que frío, un religioso muere. Ni siquiera había sido alcanzado por uno de los monstruos, simplemente parecía como si existiese una extraña conexión entre ellos, un vínculo.
A cada víctima que moría de manera espontánea justo después de la eliminación de un bípedo, me planteaba si seguir tenía sentido.

Quedé solo. Todos los religiosos habían muerto desangrados. Empezaban a perder sangre como si fueran fuentes o surtidores. Muchas partes de su cuerpo estallaban.
Oigo a alguien tocando el portón del -hasta momentos antes- santuario no profanado en el que me encontraba.

Abro, y salgo al encuentro de lo que quiera que sea que hubiera provocado el ruido. Era el único bípedo que quedaba. Sentía como un tipo de aura en éste. Era extraño, percibía algo de familiaridad en su presencia.
Fui hacia él y lo exterminé. Eran nuestras almas que habían salido a nuestro encuentro a buscarnos. Alguien había provocado un desequilibrio entre lo material y lo etéreo. El cura siempre había hablado de sanar el pueblo, de renacer después de destruir. Pero ya nada de eso importaba.

La sangre pintó mi lecho de muerte alrededor de mi cuerpo. Comencé a sentir un ardor, pero no era la piel. Esto era distinto a todo lo que habían percibido mis sentidos a lo largo de mi vida. Me palpo la cara, tengo los ojos cerrados. De pronto, era como si hubiera nacido de nuevo y no supiera controlar mi cuerpo.
Los abro y lo veo: el infierno.

1 Comments:

Anonymous yr. said...

Sorry for the delay.

Be careful Mr. Rabbit!!!

Have a nice day!

9:54 p. m.  

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