Mi vida... tal cual

miércoles, diciembre 31, 2008

El día que te vi morir.

    "At times l almost dream,
    I, too, have spent a life the sages' way,
    And tread once more familiar paths.
    Perchance I perished in an arrogant self-reliance an age ago;
    And in that act, a prayer for one more chance went up so earnest, so...
    Instinct with better light let in by death,
    That life was blotted out not so completely...
    But scattered wrecks enough of it to remain dim memories...
    As now... when seems once more... the goal in sight again."
X-Files s04e05 "The field where I died", Mulder.


Nos encontrábamos dentro del búnker. No era un búnker cualquiera, estaba, en mitad de una pradera de infinitas hierbas amarillas, bajo tierra. Invisible a simple vista, creímos que iríamos a salvarnos. Ella y yo, que un día antes nos habíamos descubierto de maneras inexplicables y absurdas para las palabras.

Quién me hubiera dicho el día anterior al despertar, que a la mañana siguiente, no amanecería solo. Que encontraría a alguien que probablemente ya habría conocido en otra vida, otro tiempo. Que nuestro encuentro resultaba demasiado breve, demasiado raudo como para haber sido el único.

Mientras nos cogíamos las manos, sentíamos cada cuerpo caer contra el suelo, cada bola de cañón rebotando sobre el campo, cerca de nosotros. Esperábamos la muerte en cualquier momento. Que la pequeña compuerta de madera se abriese de un momento a otro. Que iluminase la habitación con una luz que, aunque nos alumbrase, no sería para guiarnos hacia un mejor mañana.
Con la tensión a flor de piel, les oíamos cada vez más cerca. De pronto, mi cuerpo viene a recordarme que sigo aquí, físicamente. Que mi alma todavía no se eleva sobre mi cuerpo: su lengua me toca el cuello como si desease moldearlo; como si desease preservarlo frente a lo que fuera que pudiese sobrevenir esa sensación.
Fundidos en un beso, comienzo a percibirlo: sería absurdo estar hasta el último momento pendientes del mundo.
Desnudos, nos unimos. Si tuviera que decir cuánto tiempo estuvimos así, no sabría qué decir en cuanto a medidas de segundos o minutos, pero en cuanto a gestos, a expresiones, pudo perfectamente haber pasado un día entero de calidez, de descubrimientos.
Finalmente, luz que nos ciega. Luz que nos ilumina unidos. Ella, sobre mi, perpendicular al suelo de tierra; yo, acostado en él. Un disparo atraviesa su corazón, salpicando la sangre que, como nunca nadie antes, más compenetradamente fluyó y palpitó al ritmo de la mía. Mi cerebro es atravesado por la subsecuente bala. Contemplo la escena como un cuadro, como fuera de mi cuerpo. Poco a poco todo va perdiendo nitidez hasta sólo percibir oscuridad. Pero aún en tal situación, evoco aquellos prados, en los que, tras sentir como nunca lo había hecho antes, te vi morir.

1 Comments:

Anonymous your reader said...

El día que que le viste morir, moriste junto a ella, con sus brazos rodeandote, con ese calor que aún persistía, y con esa imagen de los prados amarillos.

"Si muero, que sea en tus brazos".

10:47 p. m.  

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