Mi vida... tal cual

lunes, diciembre 15, 2008

Love is noise (segunda parte).

Me recorre una sensación de paz increíble. Good or bad, inspiration is back. Conseguir alcanzar una meta que yo mismo me proponga: querer algo, llegar y cogerlo. La sensación de realización de proyectar mi voluntad a mi alrededor es sobrecogedora. Pero quizás, tan sólo quizás, lo es más el hecho de haber intuído sucesos antes de que ocurriesen. Una especie de precognición, si lo quieres llamar así, basada en memoria genética activada a través de relatos de mi progenitor.

Estoy en Nueva York, nunca pensé que vendría algún día. En el balcón del hotel, contemplo la ciudad y sus eternos rascacielos. Recién masturbado, con una mezo mix en una mano, jamás había experimentado tanta empatía con el mundo y sus gentes desde que, con 15 años, me hallaba en las mismas circunstacias, pero en una situación completamente distinta. Verdaderamente, mucho había cambiado desde entonces.

Había aceptado su invitación. Sin saber por qué razón, no podía quitarme de la cabeza "Michelle" de los Beatles. No paraba de escucharla en mi reproductor de mp3, hasta el punto de en una ocasión borrar el resto de canciones menos esa para oirla indefinidamente. De alguna forma, sentía que se correspondía perfectamente con las circunstacias. A la vez, mi padre siempre alegaba paranoico que si él iba a NY, moriría allí, así que realmente, la idea de ir no me auguraba nada bueno en ese sentido.

Fui a buscarla. Después de un día preguntando por aquí y por allá; orientándome y volviéndome a perder acto seguido -quizás mi subconsciente quería retrasar el encuentro y así idealizarlo como tanto me había gustado siempre hacer-.
Para variar, se trataba de un gran rascacielos donde vivía. Todo me parecía lleno de color, de simbolismos a mansalva. Era como si pudiese percibir su aroma, su cara de concentración al abrir los ojos mientras la besaba. Incluso oía, por una extraña razón, del one-hit-group The Verve, "Bitter sweet symphony". Todo era tan fittend...

Entro en el ascensor, en el éxtasis absoluto. No sólo había conseguido lo que me había propuesto, sino que ahora estaba llegando a un nuevo terreno para mi. Existía la posibilidad de que no estuviera en casa, de que se hubiera mudado, estuviera de viaje o lo que fuera... pero de alguna forma, a cada paso que daba, sabía que estaba más cerca de ella.

Llego a la planta en cuestión, me planto frente a su puerta y la golpeo tres veces. Recapitulo todo lo ocurrido hasta ese momento y por qué poco estaba allí en ese momento y no en la otra punta del mundo por simplemente haberla conocido. El resultado no importaba, ya había sido victorioso por haber llegado hasta ahí.

La puerta se abre. Como una eterna tortura, como si por un instante me metiera en las carnes de Prometeo y su problemilla con la inmortalidad y las águilas-come-vísceras, el tiempo parece no dominar la situación. Me palpita tan fuerte el corazón, que temo no oirla emitir palabra.

Es ella. Sonríe, pero sé que algo no va bien. Es una expresión de sorpresa, pero a la vez de dolor. Intento pasarlo por alto, le acaricio la tez. En ese momento, quita la cara, mira detrás suyo y en un instante lo comprendo todo: había otra persona.

(Fin)

1 Comments:

Anonymous your reader said...

HOla!

Me gustó tu segunda parte, no siempre hay un final feliz.

Como te dije antes, no tenías nada que perder. Y como tú dijiste, ya el hecho de estar ahí, era un logro.
Quizás era ese el mal augurio de tu padre. Las cosas siguen su rumbo, y tu tienes que seguir el tuyo. :)

Have a nice day! ^_^

12:18 p. m.  

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