Mi vida... tal cual

lunes, enero 05, 2009

Lost.

"Quizás algún día nuestros caminos vuelvan a cruzarse y volvamos a encontrarnos" -me susurró al oído, momentos antes de que yo lo destrozase todo.
"Tranquilo" -me decía a mi mismo, no creía que fuera a afectarme tanto. Sin embargo, a medida que se iba acercando el día de su partida, algo se reunía en torno a mi, consciente de lo que pasaría. Finalmente, el día previo a nuestra separación física, no tuve más remedio que estrujar la relación de una forma que no quedara nada recuperable. La desesperación me hizo actuar, aunque fuera de forma errónea.

Meses más tarde, poco a poco, voy sintiendo como comienzo a dejarla atrás. La recuerdo, pero sin acritud. Años pasan, comienzo a retomar ese grupo de música que tanto me gustaba, pero que inexorablemente, por determinadas circunstancias, me recordaba a ella y había ido dejando de lado. Un día, un amigo me comenta ir a un concierto, lejos de casa, pero merecedor de tal desplazamiento. Acepto.

Entre la multitud, vuelvo a sentir esa emoción, esa empatía conjunta. La recuerdo a ella, con la cabeza bien alta: sin pena, sin dolor. Me siento orgulloso de mi mismo por haber llegado a ese estado anímico. Comienza el primer acorde, la primera nota. Poco a poco, el murmullo comienza a convertirse en vítores y gritos de comienzo de concierto, que parecían congratularme y a la vez, representar como me sentía interiormente.
Varias canciones pasan, derramo alguna que otra lágrima, abrazo a los amigos que me han acompañado. Un evento a ser recordado. Por un momento me pregunto: ¿Y si ella estuviese aquí? ¿Qué diría, cómo reaccionaría ante ella? Tras un par de minutos de tener la mirada perdida, me libero de la tortura que representa la pregunta en cuestión. Era altamente improbable que ello ocurriese, por lo tanto: mejor aplicar eso de "We'll cross that bridge once we get there" ("if we get there", en este caso).
El concierto termina. Tras insistir durante 10 minutos sin obtener respuesta del grupo en pos de una canción más, el público comienza a disgregarse. Comenzamos a salir. De pronto, una extraña sensación de dejà vu me invade: le suena el móvil a un amigo justo con la canción del grupo que habíamos presenciado minutos antes que hace tanto tiempo había oído en el móvil de ella. Me doy la vuelta, como si ya supiera qué iba a encontrarme. Era ella, Rosa. Doy tres pasos en su dirección antes de que me descubra. Tras unos segundos de incertidumbre en cuanto a gestos faciales (probablemente, intentando vincularme en su memoria) sonríe. No de una forma irónica o de pena, sino de felicidad. Nos abrazamos. La canción no deja de sonar, el amigo en cuestión se ve que estaba conmocionado de haberme visto abrazar a una "desconocida" así por las buenas en un lugar desconocido. Aunque a bajo volumen y calidad, era como si evocásemos la versión tocada en ese mismo concierto de la canción. Incapaz de ver y oir nada más que el cuerpo que se hallaba abrazado a mi, comprendo que el final no importaba. Que, en términos generales, los recuerdos no se rigen por un mal desenlace, sino la suma de todos los impagables momentos.
Aún creyendo que no la deseaba, comencé, de forma incomprensible, a besarla. Acompasados, descubrí, aquella noche, que no todos los finales tienen por qué ser amargos. Que la duración, la continuidad, son supérfluos. Que tan sólo los momentos discretos cuentan en el todo de tu existencia, de tu percepción sentimental.

"Just because I'm hurting
Doesn't mean I'm hurt
Doesn't mean I didn't get what I deserve
No better and no worse"
Coldplay - Lost

1 Comments:

Anonymous your reader said...

No words to say.

Oh lets go back to the start,
running in circles, coming in tails
heads on a science apart,
nobody said it was easy.
No one ver said it woulb be so hard.


Have a nice day! ^_^

10:53 p. m.  

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