Amber.
Existían dos planos en nuestra interacción: lo que decíamos y lo que hacíamos. Abstrayendo lo oral, nadie diría que nos encontrábamos en el contexto que estábamos. Era como si, irónicamente, sabiendo que la única realidad era la física, jugábamos a decirnos mentiras. Mentiras cada vez más grandes, cada una mayor que la anterior.
Sabíamos que las palabras no tenían significado, pero rehusábamos a disfrutar del silencio. Era una manera de mantener lo terrenal y lo corpóreo; lo supérfluo, ocupado, mientras que nos desvelábamos la realidad con señales, con gestos.
Volvimos a la civilización y con ello cerramos una parte de nuestra vida. Cada uno fue separate ways y no volvimos a vernos en mucho tiempo. Las circunstancias habían cambiado para entonces, aunque el deseo de perseguir momentos únicos seguía ahí. Se sonrieron mutuamente y tras saludarse calurosa y cordialmente, partieron en direcciones opuestas preguntándose "¿Y si...?", independientemente de si estuviesen en una relación o no, ambos lo hubieran intentado. Si tan sólo se hubiera propuesto. Tenían el mismo ámbar en bruto uniéndoles las manos. Tan sólo uno tenía que empezar a raspar, a pulir, para que entre ambos pudiesen recuperar lo que atesoraba.
Largometraje recomendado: City of Ember


1 Comments:
Y si..., hubiese sido así?
Realmente era tan fuerte ese sentimiento? De hasta llegar al punto de dejar a esa pareja que cada uno tenía por separado?
Ojalá ese ámbar lo tuviésemos todos.
Que tengas buen día! :)
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