Mi vida... tal cual

viernes, marzo 13, 2009

The haunted ocean 1.

(Max Richter, OST de "Waltz with Bashir")

Me sumerjo bajo el agua; la luz de las bengalas me permitían ver el fondo del océano, que de otra forma, se me mantendría visualmente vetado por la oscuridad de la noche.

Sabía que no estaban allí, pero comienzo a vislumbrar cientos de cadáveres. Me siento tan conmocionado que me olvido de que tengo que subir a coger aire, a respirar, y casi me asfixio. Como si saliera de mi propio cuerpo y perdiese la noción de mis necesidades básicas de supervivencia.
Cierro los ojos y nado sin rumbo establecido. Me siento como cuando andaba contando pasos por la calle con los ojos cerrados. Pero aquí, bajo el agua, no existía esa tensión de preguntarme a mi mismo si me iría directo contra una farola al perder el rumbo y desorientarme por no poder ver.
De cuando en cuando subo a coger aire.
De pronto, descubro que el fondo del mar no es tal y que ha dejado de serlo. Ahora simplemente nado sobre un inexpugnable abismo. De alguna manera, me siento atraído por él y me adentro en su manto de oscuridad reconfortante. Lejos de hallarle un final, me encuentro con un barco muy antiguo, simplemente suspendido en medio de la nada, en medio del abismo. Olvido el aire, me introduzco en el barco. Todo está misteriosamente iluminado. Llego a una habitación que, de haber tenido que elegir una en toda la nave, habría sido ésta; estaba plagada de fotos de una chica que hube amado hace muchos años, cuando aún era joven. Lo recuerdo todo. El aroma y sabor de sus labios era algo distinto al del resto de la gente. Nunca antes había logrado una conexión fisiológica tan extensa, tan perfecta. De alguna forma, todo fue yendo a peor, y bueno, terminó la relación. Descubro una burbuja de aire en la habitación, lo suficientemente grande, me pareció, para disponer de sustento por un cuarto de hora; aunque realmente no sabía nada de cuánto podía durar algo así bajo el mar. Me senté en una esquina de la cama que coincidía con una esquina de las cuatro paredes que me rodeaban. Comencé a evocar recuerdos. Recordé lo banales de nuestras conversaciones, lo poco que importaba de lo que habláramos mientras me riese, le hiciera algún tipo de broma y me enseñase la lengua o los dientes sonriendo. Y poco a poco, fui llenando los gaps. Fui recordando más y más detalles. Todo ello para terminar dándome cuenta de que jamás la había besado. Jamás había salido con ella, jamás le había tocado un pecho. Que lo único que había hecho era escribir sobre ello siempre. Que mucho antes de que me fuera a tirar a la piscina de una intrincada sucesión de sentimientos confrontados, me la había levantado un hippie. Sentí las glándulas lacrimales llorar, aunque bajo el agua era difícil percibir sus efectos.

De pronto, siento que el barco cesa su parálisis temporal y comienza a descender. Era como si la naturaleza y las circunstancias me hubiesen concedido la cortesía de esperar a que descubriese lo que había venido a destapar de mi subconsciente antes de continuar con su camino.

--Abro los ojos--
No me importó caer sin cesar, no dejar de descender en la nada, en el abismo, puesto que este sentimiento no era algo nuevo en mi vida. Supongo que será por eso por lo que lo llaman un leap of faith. Ya nada importaba. Y no, no era por la chica en particular. Mi percepción del amor, de las relaciones interpersonales, estaba claramente definido: la gente sufría las pérdidas amorosas por su inhabilidad de reemplazar la terminada o dañada por otra, por su miedo a lo desconocido, por su amor a la rutina, a la monotonía de lo asegurado, de lo que una vez cosechaste y, dejado a madurar en la despensa, consumías todos los días, sintiendo que aunque en cuanto a cantidad pareciese imperecedero, cada vez sabía peor.
Somos tantos, que el rechazo, más que ser visto como algo en contra de tu persona, debería ser visto como una oportunidad, un regalo ante el que no puedes sonreir de gratitud -pero que finalmente te concede la libertad para seguir en tu búsqueda-: una reacción natural que cualquiera de nosotros sentimos cuando vemos o conocemos algo que, simplemente, no nos es atractivo.
Si nuestro concepto de las relaciones simplemente fuera la suma de todos los buenos momentos, los buenos recuerdos, no dejaríamos que lo empañara el final que éstas han tenido. Es absurdo ver cada relación como la definitiva, como la ultimativa, exigiéndole a la otra persona que todo sea jodidamente perfecto.

Y, simplemente, por una vez, me dejé llevar. Lo malo, lo bueno, no importaban. Tal distinción era en sí absurda. Los recuerdos deben ser referencias, curiosidades, pero no lastres o arrepentimientos. En mi caso, fuera el que fuese mi lastre, me estaba arrastrando hasta el fondo de todo, hasta el origen de la percepción, de la creación, del deseo. Y aún en el último momento de aire que llegó a mi cerebro, vi la imagen de su cara, que resumía toda mi existencia. Sabía que no era perfecta, pero esa era precisamente la cualidad que me hacía sentirme tan irrefutablemente vinculado a ella.
Y lo que más gracia me remitía era evocar esos momentos en los que en principio puede parecer que hablar resuelve las cosas, pero... sabes que no es así. Que hay momentos y momentos en los que simplemente todo excepto el habla expresa lo necesario. Que ella te pedía algo, un permiso, una señal, que no podías darle. Que no puedes sentirte responsable de que una pareja hubiese acabado por tu culpa. La única opción sería que ella lo dejase y luego viniese a mi. Pero sabías que eso no ocurriría, que siempre sentía la necesidad de saltar, segura, de persona a persona, de una relación a otra, sin estar nunca sola. Todo ello, sin saber que aún con un cuerpo lleno de calor a su lado, seguía estándolo: estando sola.
Te ponía a prueba, anunciándote que vuestros caminos se separaban. Impasible, la miras, le sonríes como si no pasara nada y sientes como, mientras te devuelve la sonrisa, te descubres a ti mismo por dentro, maldiciendo, contemplando una situación para la que nunca estuviste preparado, retorciéndote: En medio del mar, de la nada, de un barco naufragado que se dirigía cada vez más al fondo de ninguna parte.

Largometraje recomendado: Waltz with Bashir

1 Comments:

Anonymous your reader said...

La recomendación hay que hacerla primero. jeje.
Aún así, me lo releeí, con la BSO de Vals con Bashir.
Magnífica película, por cierto.

Cada vez que cierro los ojos, me imagino hundiéndome en el mar, viendo cómo la luz se va apagando, quiero seguir sumergiéndo, pero no puedo, mis ojos se abren y tengo que volver al mundo real.

Déjate llevar, y no pienses que ella algún día pudo haber sido tuya, ella no quiso, y te llevo consigo en el abismo. No caigas donde ella.

Cuidate mucho! :)

4:47 p. m.  

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