En una de las primeras noches en vela que pasas desde hace muchísimo tiempo, encuentras clarividencia. Ya has pasado de lejos el punto de no-return, a estas alturas si te vas a la cama, no tendrás fuerzas para levantarte.
Así pues, te adentras en el umbral que has estado mirando durante horas: regocijarte en mirar al cansancio cara a cara y hablarle del tiempo. Que si nieva, que si hace frío... tú no lo sientes. Simplemente sigues las señales de vibración que llegan a tus membranas sonoras.
Más que suficiente para mi, pero... ¿lo es para ti?
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